Los hombres también lloran


Hombre llorandoLos hombres también se angustian. Por quedarse solos otra vez después de un largo matrimonio, porque no entienden a las mujeres, por un drama con su imagen. Los hombres se muestran vulnerables, necesitan contar sus miserias en la interminable batalla de lidiar con los parámetros sociales que la gran ciudad impone. Porque ellos también son víctimas del divorcio, la convivencia y la gordura y necesitan decirlo, publicarlo, que los amigos se sientan identificados y que las mujeres los escuchen.

Escriben con humor, para no ofender al género femenino del que hablan en contra y para alivianar el drama de un yo muy presente, que expone hasta los secretos más íntimos. Sí, no sólo que los hombres tienen intimidad, sino que las mujeres serían una parte muy importante de sus vidas. Quizá más de lo que se podría imaginar.

Quizá, demasiado. El fenómeno chick lit, a partir del cual las mujeres empezaron a hacer públicas las conversaciones con sus amigas y su amor-odio con los hombres, se hizo best seller con Sex and the City y el Diario de Bridget Jones.

“Las lectoras son chicas de 25 a 40, profesionales e independientes, que cambian mucho de novio y les gusta la moda”, destaca la editora de Random House Mondadori Glenda Vieites, afirmando que este fenómeno creció tanto hasta el punto de llamar la atención de los hombres que parecen querer tomar revancha por lo que nosotras ya dijimos de ellos y morder la torta de la sensibilidad porque ellos también sufren. Así nació la boy lit.

Afuera, más cerca de la lección moralizadora, los boy lits también son un éxito en ventas. Para mencionar algunos, The trouble boy de Tom Dolby es una novela sobre un chico ambicioso que quiere desde un Oscar hasta una novia linda y se pierde en el camino y en Down for Whatever de Frederick Smith, un grupo de amigos intenta encontrar al amor de su vida en medio de las divas de Los Angeles.

El mundo está cambiando y los escritores quieren dar cuenta de esa realidad con todas sus miserias, dudas y preguntas. Si bien el fenómeno sigue siendo una novedad, Argentina ya tiene sus exponentes.

Divorciado y feliz. Diego siempre quiso ser escritor. Su primer intento fue un thriller erótico ubicado en plena dictadura militar. No funcionó. Se acordó de una de las máximas de su adorado Stephen King que dice que uno escribe sobre lo que sabe y entonces se puso a pensar qué era realmente lo que sabía y después de varias caminatas, dijo en voz alta: “Si hay algo que sé es que soy un experto en relaciones disfuncionales con el sexo opuesto”, dice el periodista Diego Gualda (34, padre de un hijo de 10 y una de 3) que acaba de publicar su primer libro, Hablalo con mi abogado, que empieza en los créditos de la película romántica con final feliz y va camino al divorcio.

“Un divorcio está lleno de historias absurdas porque divorciarse es una locura, un proceso tortuoso en el que te salen un montón de miserias que vistas en perspectiva suelen ser divertidísimas.”

La historia nació como una “blogonovela” y al poco tiempo fue descubierto por una editorial. “No quería escribir sobre mí, pero sí sobre mi tiempo y las historias de mi gente. Como dice el libro: ‘Mi generación se está divorciando.

Lentamente, desde el comienzo del nuevo milenio, los que nacimos a principios de los ’70 hemos estado volviendo a la soltería’”, dice Gualda que recrea este fenómeno psicosocial en la ruptura amorosa de Esteban y Valeria.

Para él, lo que más duele con la separación es el ego: “¿Cómo pude equivocarme de esta manera? ¡Si yo estaba convencidísimo! Armar una familia es un proceso largo, difícil y costoso a nivel sentimental y de guita. Y de golpe te genera la frustración de haber laburado al pedo: Mirá todo lo que hice para levantar esto y no sirvió para nada. Y por eso prolongamos la agonía de un mal matrimonio.

Somos los reyes del verso y no nos separamos por los chicos, porque no nos alcanza la guita,…”. Pero después la cosa no da para más y el divorcio se hace inminente: “Divorciarse es volver a vivir y querés hacer todas las que no hiciste en diez años de matrimonio y de golpe saliste a la calle y te sentiste un poco anacrónico porque te encontrás que pasaste los 30, vas a bailar y ya no entendés los códigos y las chicas a la salida del boliche te dicen: ¿Señor, tiene hora?”.

Sin embargo, Gualda dice que pese a haber “fracasado” se volvería a casar y nunca dudó de que se volvería a enamorar. De hecho, hace dos años, a través de su blog conoció a su novia actual.

“Cuando empecé con el blog esperaba que me crucificaran por misógino y de golpe tenía una mayoría de lectoras mujeres que disfrutaban con cierto morbo poder espiar adentro de la cabeza de un tipo y a la vez revelar un secreto: los hombres también tenemos sentimientos, no somos máquinas insensibles de propagar la especie.” Su ex no se pronunció ni a favor ni en contra.

Esquizofrenia con corazones rojos. Que nunca sabemos qué ponernos, que vamos al baño todas juntas, que siempre malinterpretamos lo que nos dicen sólo para buscar pelea, que de un tema mínimo hacemos la conversación de la semana y que siempre nos estamos haciendo pis.

Todo eso y muchas más anécdotas del imaginario colectivo masculino, aparecen en Mujeres… ¿Por qué será que las queremos tanto?, el libro de Daniel Dátola, guionista de televisión y columnista del programa Mañaneras (América, a las 9).

“Comencé a ver cosas que me pasaban a mí y las empecé a contar medio payasescamente en almuerzos, cenas y reuniones con amigos y veía que se reían, que provocaba discusiones, las mujeres se enojaban y después me decían que tenía razón.

Así junté material, hice la obra de teatro, empecé en el programa y saqué el libro”, cuenta Dátola que muchas de las características que les atribuye a las mujeres las tiene él, como la obsesión con la limpieza. Pero el libro tiene un problema.

No sería el compendio de lugares comunes sobre las mujeres en la que más de una no se sentiría identificada, sino en su “teoría” sobre el avance de la mujer en la sociedad que aparece en el prólogo.

Dice Dátola, textual, de manera graciosa, ligera y aparentemente inofensiva: “La verdad, se han pasado de la raya y no sólo nos han perdido todo respeto, sino que con la excusa de igualar los derechos han mezclado las cosas”. Raro. Trata de explicar: “Está muy bien que hayan avanzado, pero se han ido del eje.

Tenían razón con el maltrato que sufrieron por siglos y es buenísimo que se hayan equiparado los derechos y debemos celebrar sus conquistas. Pero andá a hacer un programa que se llame ‘Hombres asesinos’”.

Para él, las mujeres están predispuestas genéticamente para ser “unas rompebolas inclaudicables” y la solución estaría al final del libro en una serie de recetas que aconseja para hacer al marido feliz: “Abandonen el estado de desconfianza permanente”, “respeten nuestro descanso”, “no griten por cualquier cosa”, “no nos echen la culpa de todo lo que nos pasa”.

Dátola tiene 51 años, es padre de una hija de 23 y uno de 20 y hace dos años convive con una mujer cuando creía que jamás lo iba a volver a hacer, después de dos separaciones. Es que, después de tanta experiencia, cree haber encontrado la fórmula de la convivencia en armonía: “Lo que propongo en el libro es que nadie tiene que estar con una persona si no la pasa bien.

La convivencia puede ser maravillosa si nos empezamos a divertir con las diferencias, si empezamos a no querer tener razón y nos damos cuenta de que muchas veces es al pedo discutir…”. Se cortó el casete y Dátola sigue hablando. Después dicen que las mujeres hablamos mucho.

Gordo positivo. Se internó en una clínica para adelgazar, asistió a grupos de autoayuda, hizo una dieta en la que comía carne como desayuno, almuerzo, merienda y cena, mandaba “Dieta” al 2020 y recibía el consejo alimenticio del día.

Mauro Fulco (29), quien se define como “un gran recalentador de comida y fabricante de sándwiches” siempre pesó más de lo esperable y decidió publicar su drama estético en Gordos, peripecias en el afán por adelgazar. “Como hombre me parece que es medio vergonzante confesarle al mundo que hacés dieta, por lo general se mantiene en voz baja.

Si una mujer va a comer y saca un yogur nadie la va a mirar mal. Ahora si el varón se come una ensaladita tiene que explicar que está haciendo dieta y alguno lo va a cargar.

La mujer tiene la obligación social de ser flaca y para el hombre sería una elección.” En Gordos no sólo está su historia personal, sino que también hizo una investigación periodística sobre el mundo de los talles grandes y los famosos que pasan o pasaron por su misma situación.

Sin embargo, y lo rescatable del libro, es que no se pone en víctima, su morrudez, aparentemente, no le hizo la vida mucho más complicada, por lo menos con las mujeres.

“Todo ser humano tiene algo bello y está en ese ser humano exacerbarlo o no. ¿De qué me sirve quedarme llorando y comiendo un lemon pie porque me han rechazado infinidades de mujeres. Si te tirás a mil, con una que te dé bola, ya tenés tu sí.

Todo ser humano tiene herramientas para no dormir solo. Los lindos se ponen en la barra y no tienen demasiado trabajo, el gordo corre la misma suerte que el feo que tiene que remarla y remarla”. Fulco está casado hace un año y medio y su mujer, flaca como una espiga, nunca le dijo que tiene que adelgazar y de hecho hasta se divirtió con el libro.

A la que no le gustó mucho fue a su mamá: “Me dijo que había anécdotas que no recordaba y hay cosas que a mí me causan gracia y a ella no, como que a los cinco años me quedé atascado en la bañadera. Yo me río, mis amigos me cargan y mi vieja debe leer eso y debe pensar que creó un monstruo”.
Fuente: Yahoo News

Estudio 08 – Todos los derechos reservados.-

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1 Response to “Los hombres también lloran”


  1. 1 Jeffeny Gutierrez noviembre 12, 2009 en 12:13 am

    Siempre eh sabido que los hombres tambien lloran y no me sorprende el hecho de que tambien sean muy vulnerables. Todos tenemos sentimientos, inclusive aquellos que se muestran mas fuertes. Por lo tanto es importante saber entender a los hombres, como muchos de ellos tambien hacen el esfuerzo de saber entendernos a las mujeres.


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