“Intercambio Energético”


Fue una de esas maravillosas noches cósmicas de la Era de Acuario, me encontraba sentado al pie de un hermoso árbol, mi vista perdida en la inmensidad del Universo, mi mente era un hervidero de sensaciones y pensamientos, me sentía tan sumamente relajado, que hubo unos instantes en los que llegué a sentir una profunda sensación de paz interior.

Fue curioso, no sentía mi cuerpo, era como si todo mi ser vibrase y a la vez flotase. ¡Qué experiencia más maravillosa!, ¿Qué embriaguez mental al sentirme inmerso en cada uno de mis pensamientos? Era como si formase parte de esos cientos de miles de Estrellas que flotaban en el Universo.

Sin apenas darme cuenta, noté una curiosa sensación de evasión interior, sentí claramente como mi Energía abandonaba mi parte corpórea. ¡Qué estupenda sensación!, La que yo en esos instantes viví.

Ya no estaba en aquel lugar. Al igual que si fuese un crío al que le acababan de regalar un estupendo juguete, debí vagar energéticamente por el Universo, durante horas y horas. No sentía ninguna sensación física.

Mi bagaje fue largo e intenso en experiencias. Sin apenas percatarme de lo que en esos momentos hacía, de repente me sentí tremendamente cansado. Mi mente se repetía una y mil veces: “descansa, descansa; hazlo en el primer lugar que puedas”. Sentir este incontrolable deseo, me dio que pensar: Si en esos momentos era Energía, ¿para qué tenía que descansar?, “¿Aquí pasa algo raro?, Éstas son cosas del cuerpo y yo no lo tengo”.

Miré una y mil veces en todas direcciones, hasta que al final, ya cansado, localice en la inmensidad del horizonte Cósmico un diminuto punto semitransparente. Divisarlo, supuse una tremenda y terrible sensación de miedo. Como si de un imán se tratase, mi Energía cada vez era más atraída hacia él, a una terrible y cruel velocidad. Hubo instantes en los que llegué a perder el control de mi propia Energía.

A medida que me aproximaba a aquel lugar, la sensación de velocidad se iba reduciendo. De pronto sufrí una especie de lapsus sensorial, fue después de éste que como si de una película de ficción se tratase, pude observar que el lugar al cual se estaba aproximando mí Energía, era el Planeta Azul o tercer Planeta de un Sistema Solar situado a un lateral de la Vía Láctea.

A pesar del miedo y de esas curiosas sensaciones, siguió avanzando pero de forma más suave y relajada.

Según iba descendiendo, pude observar que me aproximaba a un inhóspito paraje. Cuando estaba a punto de energéticamente tocar tierra, todo mi Ser vibró, al observar una espeluznante escena. Había un cuerpo inerte junto al arcén de una estrecha y solitaria carretera. Verlo como yo lo vi, a cualquiera le hubiese puesto los pelos de punta.

Del interior de aquel maltrecho cuerpo, con una espeluznante y terrible pasividad salía una radiante y semitransparente Energía, que a pesar de ser energética, tenía todos los rasgos y características de aquel cuerpo.

Cuando logró abandonar completamente esa envoltura fisiológica e incorporarse, su única obsesión era mirar a su alrededor con la idea de ver algo o encontrar a alguien. Debieron ser unos interminables minutos. El lloraba amargamente y lo hacía sin percatarse ni dar importancia a las formas físicas que deambulaban a su alrededor.

Empecé a aproximarme a él. Lo hice sin que apenas se diese cuenta de mi presencia. Al final contactamos. Nuestro diálogo fue largo y profundo, duró desde las tres de la tarde hasta las once de la noche de aquel triste día, uno de noviembre de mil novecientos ochenta y uno. Como experiencia, fue maravillosa.

El me comentó sus creencias cristianas, yo le comenté la historia de Akhineht. Al final hicimos un pacto: él como Energía, volvería a mi mundo ocupando mi cuerpo, y yo intentaría introducir mi Energía en aquel maltrecho, frío e inerte cadáver.

Ambos intuimos que nuestro pacto iba a ser tremendamente duro. Yo tenía que incorporarme a una civilización veinticinco mil años menos evolucionada que la del mundo del cual procedía, y a su vez, él debía hacerlo a un lugar en el cual dominaban al cien por cien, la Armonía y la auténtica comprensión y sensibilidad cósmicas.

Introducir mi Energía en aquel maltrecho cuerpo me resultó muy difícil. En el intervalo de nuestro diálogo, su cuerpo fue trasladado a otro lugar. Fueron terribles e infinitos los minutos de búsqueda de mi nueva envoltura. Aunque lo más espeluznante, era que apenas si me daba cuenta de la gravedad de mi situación.

Sin saber ¡cómo! de repente me sentí caminando por el paseo central de un lúgubre, solitario, curioso, pequeño y bien cuidado Cementerio. Inconscientemente fijé mi mirada en el fondo y me percaté de que había una pequeña estancia en forma de Capilla.

Inquieto, seguí avanzando con la clásica y terrible sensación de miedo que a cualquiera le produce el caminar sólo, rodeado a ambos lados de multitud de formas sepulcrales, con la morbosa sensación de que su interior está poblado por variedad de Putrefactos despojos humanos.

Al final logré llegar al interior de la Capilla y pude observar que estaba impregnada por una tenue y amarillenta luz. Seguí caminando hacia el interior de tan lúgubre, nauseabundo y espeluznante lugar. Cuando mi Energía rebasa el umbral, una escalofriante escena divisaron mis ojos: encima de una mal cuidada mesa había un mal oliente, sucio y deformado cuerpo, el cual reflejaba el comienzo de los clásicos signos de la putrefacción.

Junto a él, de pie, había un humano y curioso personaje que sujetaba en su mano derecha un bisturí de cirujano. Junto a él y a un lateral de la mesa, había unas compresas de gasa, recipientes y varios trozos de hilo, los cuales estaban acoplados a unas curvas y raras agujas. Lo que más me sorprendió, fue que a dicho individuo se le observaban unas claras intenciones de introducir el bisturí en algún lugar de aquel maltrecho cuerpo.

Alrededor de la mesa, había aproximadamente unas ocho o diez formas semitransparentes, horribles y nauseabundas, Energías que tenían raras formas semihumanas y que con sepulcral pasividad y disimulada satisfacción, contemplaban y esperaban el posible desguace de aquel fiambre.

Tras observar aquellas figuras, de repente, fue tan tremenda y rápida mi necesidad de introducirme en aquel cuerpo, que la reacción que en él produje debió ser terrible. Mi mano derecha se puso en posición vertical, creando esta reacción un movimiento rítmico y armonioso en el dedo pulgar de la mano izquierda de mi nuevo cuerpo.

Transcurridos los clásicos instantes de impresión y posible miedo, aquel personaje me tomó el pulso y llamó a alguien desde un sucio teléfono incrustado en la pared.

Cuando recobre el conocimiento, me encontré sobre una camilla en el pasillo del Hospital de una pequeña ciudad.

De esto han pasado muchos años y a pesar de que el tiempo transcurrido ha sido muy duro, lo más valioso desde entonces ha sido intentar conseguir, en cada instante de esta nueva vida, sensaciones, deseos y realidades que me permitiesen sentir en armonía con el entorno en el cual me muevo.

Me han pasado cosas maravillosas. He aprendido que no siempre son importantes las actividades que uno realiza, ni tampoco muchas de ellas merece la pena recordarlas, sin embargo, hay otras que me gustaría repetir una y mil veces. De todas formas me siento satisfecho de haber hecho lo que hice, de lo que estoy haciendo, de la comprensión o incomprensión de algunas personas y de las cosas que a pesar de mis circunstancias, aun pienso hacer.

En todo este tiempo, mi trabajo y mis contactos han sido muy importantes, me han permitido escuchar y aconsejar a personas con problemas. Es curiosa la satisfacción que produce saber; tiempo después, que estos les han servido para mejorar.

Puedo asegurar que resulta tan gratificante que a veces muchas de esas personas, sin ellas saberlo están creando en mí las condiciones idóneas para que esa “Luz” que ilumina el camino de cada individuo, me permita ver con algo más de claridad, ese gran abismo que hay a los pies de mi destino.

Antes de despedirnos ambos en aquel paraje, nos comprometimos a volvernos a encontrar en algún lugar de ambos Mundos, transcurridos entre doce y dieciocho años.

Si esto fuese posible, cada uno de nosotros podría recuperar su cuerpo, retornando de nuevo a nuestros tan dispares Mundos.
Por: Elías Robles / elhiotroures@gmail.com
Fuente: www.naturalezavidaiuniverso.com

Estudio 08 – Todos los derechos reservados.-

Anuncios

1 Response to ““Intercambio Energético””


  1. 1 Elías enero 6, 2010 en 10:39 am

    Apreciado Amigo Rafael: Me encantaría, que insertaras de la misma forma que has hecho con “Intercambio”, cuantas popesías mías creas que puedan hacer vibrar ( al insertarlas vosotros) a vuestros visitantes.

    Mi más sicera felicitación y mi envidia sana, por vuestra fantastica página.

    Vuestro Amigo Elías

    De decir de mis narraciones y las frases de diversos Autores.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s





A %d blogueros les gusta esto: