Cuentos Sociales – “Las Maquinitas”



En 1983 nuestro país gozó en ciertos lugares de ser uno de los pocos en estar a la par con EE.UU. justo en el momento de iniciarse lo que eventualmente se bautizó como la debacle de Atari o en términos más llanos, la fiebre de los juegos de video. El hecho de haber sido parte de esa vivencia jamás hubiese sido posible sin la intervención de “Los Michelin”: José, Chichí, Jorge y Vladimir (Pili aún no nacía). Ellos fueron los primeros privilegiados en obtener una consola Atari 2600 en La Romana y con la obtención de la misma, una nueva era en materia de juego había iniciado para mí.

Viéndolo desde ese entonces, entiendo perfectamente por qué hay una auténtica adicción entre adolescentes y niños conectados a sus consolas prácticamente un día completo. Es envolvente, adictivo y hasta esclavizante. No puedo hablar de Atari sin obviar al personaje más popular, no solo de esa compañia, sino de toda la historia de los juegos de vídeo tanto de consolas como de las popularísimas Arcadas (llamadas aquí “Maquinitas”): Pac-Man.

No sé con exactitud cuántas veces jugué Pac-Man haciéndole largos turnos a Chichí, Vladi o Jorge, lo que sí sé, es que perdí la noción del tiempo embriagado frente a esa consola y fascinado por ese juego. Menor suerte, aunque con la misma importancia, corrieron los juegos “Space Invaders” (original de 1978, lanzado por el frabricante norteamericano Midway) y “Donkey Kong”, que se convirtió en el estandarte de la compañia Nintendo junto al popular “Mario Bros.”.

Imperativo mencionar a SEGA (autores del galáctico “Zaxxon” y del motorizado “Hang-On”). SEGA, era parte de la Gulf+Western y ésta última poseedora, del Central Romana y accionista mayoritaria de la Paramount Pictures y de ahí, que llegaran a La Romana importantes títulos cinematográficos como “El Padrino II”, “Chinatown”, “Apocalyspse Now” o “The Sorcerer” al cine del Club de La Costa. Todo esto gracias a los esfuerzos del desaparecido brillante industrial de origen austríaco, Charles Blüdhorn.

Otra de las compañias que jugaron un rol protagónico en esta industria fue Namco (padre original del Pac-Man) creadora de los nostálgicos “Galaxian” y su secuela “Galaga”, que eran una especie modificada de “Space Invaders” a todo color y con elementos dramáticos agregados al juego. Namco fue también el creador de “Dig Dug”, “Xevious” y “Pole Position”. Merecidas menciones para Capcom (responsables de introducir “Streetfighter”; Cinematronics; Konami (la gente de “Contra”) y Taito, entre otras.

Para cuando llegaron las Arcadas, que rápidamente se les reabutizó como “Maquinitas”, habían adolescentes que por no tener acceso a la compra de una consola, optaban por pagar múltiples cantidades de monedas y así permanecer conectados a una ‘maquinita’.

A alguien se le había ocurrido la brillante idea de crear un orificio a la moneda y sujertarla con un hilo de nailon una vez fuese introducida y ésta al hacer contacto con un alambre eléctrico, le indicaba al sistema que se había generado un crédito.

Mientras más veces tocara la moneda el alambre, más créditos se acumularían y ya usted se puede imaginar!!.

Justo al lado del ahora desaparecido Cine Colón, frente al Parque Juan Pablo Duarte, está una legendaria entidad bancaria y allí existía un centro lleno de esas arcadas. Los dos juegos más populares eran “Defender” y “Asteroids”, ambos caracterizados por su nitidez y trama principal: una batalla intergaláctica.

Decido ir a ‘las maquinitas’ para ganar tiempo antes de ir a ver una película. Al llegar al frente del cine, había una interminable hilera de motores por lo que me ví obligado a parquear la Flush frente al centro de las arcadas:

-“Cámbieme por favor esos 10 pesos”, le digo al dependiente.

Ese cambio equilavía a varias jugadas, pero tenía ‘la moneda mágica’ en uno de mis bolsillos, lista para usar una vez el dependiente se descuidara. El bullicio colectivo de las diferentes arcadas más el murmullo de los jóvenes allí congregados, eran un perfecto sinónimo de gallinero humano.

Pierdo par de jugadas y en una, introduzco la moneda en repetidas ocasiones para acumular créditos. Miro el reloj y aún había tiempo para seguir esclavizado por el fascinante juego y en un momento determinado se ha armado un juidero ya que el dependiente había atrapado a un jugador con el sistema de la moneda y entre ‘el corre-corre’, siento que no puedo salir del sitio y se trataba de que la moneda se había quedado atascada a mi maquinita!.

Como el nailon tenía que estar sujeto a la costura del pantalón, hice un esfuerzo extra y el jalón me rompió el bolsillo provocando que se cayeran las monedas originales cambiadas de los 10 pesos. Fui testigo de ver perfectamente cómo los tres sistemas dinámicos de laTeoría del Caos, se materializaban en medio del corredero: almas corriendo a más no poder emulando estabilidad, inestabilidad y caos al momento de algunos, agacharse a recoger parte del menudo caido.

Miro fijamente a uno de los ‘ganadores de la improvisada loteria’ y le hago señas de que me devuelva mis monedas, pero fue inútil. Para cuando regresó el dependiente, había llegado la policía y cerraron el negocio para identificar a los infractores.

Como era fijo en el lugar, el dependiente me dejó ir sin mayor inconveniente, pero antes, me llevó al área de cobros y me dijo:

-“Mira hace mucho que veo que vienes a jugar. Soy un hombre muy viejo para dejarme relajar. No entiendo por qué tu afán de utilizar el truco de la moneda si traes dinero. Si quieres ser parte de esto, te aconsejo que lo dejes ahora que eres joven”.

-“Discúlpeme de verdad. Usted tiene razón. Siempre traigo dinero, pero de alguna forma quería vivir esto”, le digo cabizbajo.

-“Yo no conozco tu familia, pero se ve que eres un muchacho de buenas intenciones. Te voy a dejar ir, pero te voy a enseñar una lección hoy”, me dice bien serio.

-“Una lección dice usted?”, le pregunto aun cabizbajo.

-“Si. Logré recoger parte de las monedas que se te cayeron. Si te pidiera algunas de ellas, me las darías?”.

-“Supongo que si señor. Jugué varias veces con la moneda mágica”.

-“Pues tomaré algunas 5 ó 6 de esas que recogí como muestra de que en realidad pertenecen al negocio. Y también tendrás que darme la moneda mágica“.

Procedí a dárselas y obviamente no pude ir al cine ya que tuve que pagar para que la policía no se llevara la Flush parqueada el frente del negocio.

No volví a jugar maquinitas ni nada parecido sino hasta la llegada de la consola PlayStation de la Sony Computer Entertainment en Septiembre de 1995.
Por: Marcos Sánchez
Fuente: http://www.cuentossociales.blogspot.com

Estudio 08 – Todos los derechos reservados.-

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1 Response to “Cuentos Sociales – “Las Maquinitas””


  1. 1 Carlixto enero 24, 2010 en 5:57 pm

    jajajaajaa ay mi madre! esto esta bien bueno! jajajajaja


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