Cuento – “Los Celos de Abelardo”



Pasaba de la una de la madrugada y en las paredes de aquella vieja casona de la zona colonial retumbaba el taconeo de las sucias botas de vaquero de Abelardo Sarante caminando de un lado a otro de aquel pasillo cuatro veces centenario. Bajo las uñas de sus manos, todavía estaba fresca la sangre de su última víctima torturada aquella tarde en la cárcel de “la cuarenta” y en todo su cuerpo, el olor insoportable de la mezcla de cerveza y sudor parecía confundirse con el vaho que emanaban aquellas antiquísimas alcantarillas de “intramuros” que una vez fueron pasadizos secretos de bucaneros y filibusteros.

Mientras fumaba, recordaba con dolor el orgasmo con Cristina aquella tarde antes de la siesta donde los jugos de su cuerpo fluían hacia ella bajo el girar de las aspas de aquel oxidado abanico, los dos bañados de sudor producto del insoportable calor de ese agosto infernal. Le era simplemente inconcebible, que el mismo maldito por quién había torturado y matado para defender su régimen se había apoderado esa noche de su propia mujer en un abrir y cerrar de ojos por un simple capricho de padrote.

En solo horas, su veneración por “el Jefe” se había convertido en un sentimiento de odio sin límites. Pensar que aquel temible anciano había recorrido con su lengua cada parte del cuerpo de su amada, le causaba una sensación de repugnancia que no había experimentado ni siquiera cuando había visto a sus torturados venirse en mierda mientras le aplicaba choques eléctricos en sus testículos.

En una mezcla de sentimientos encontrados de amor y odio por el dictador, Abelardo quería pegarse un tiro con el revólver calibre 38 que portaba desde el mismo día que se enroló como “calié” del Servicio de Inteligencia Militar.

Bajó las escaleras como un loco después de destruir con la suela de sus botas la colilla del cigarrillo número veinte que había fumado en menos de una hora y salió a la calle vociferando “maldito seas Trujillo de mierda coño! “.

Al oír su proclama, los vecinos presurosos cerraron sus ventanas asustados a pesar del insoportable calor de aquel eterno verano caribeño que de seguro les haría cocinarse dentro de sus casas como si estuviesen en un horno de cazabe.

A las seis de la mañana, los primeros transeúntes de la calle “Las Damas” se toparon con el cuerpo sin vida de Abelardo, yacía en posición fetal, desnudo de la cintura para abajo y tenía en el ano el trozo de lengua que le habían cortado a sangre fría. En el bolsillo de su camisa ensangrentada, junto a los “los tres golpes” estaba la foto que le hicieron a Cristina el día de su primera comunión.

Notas:

Intramuros: Nombre como se conocía a la vieja zona de la ciudad de Santo Domingo que estaba dentro de los límites de la antigua muralla colonial.

Calié: es un dominicanismo utilizado para identificar a los agentes del servicio secreto en la era de Trujillo.

Los tres golpes: término utilizado para hacer referencia a tres documentos obligatorios que debía poseer cada varón mayor de 18 años en la “Era de Trujillo”. Los documentos eran la cédula de identidad, el carné del Partido Dominicano y la identificación del Servicio Militar Obligatorio.

Publicado por Héctor Emilio (Motika) en el 23-4-2010 a las 02:04AM en su blog personal:“Historias detrás de mi Viewfinder”

Estudio 08 – Todos los derechos reservados.-

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2 Responses to “Cuento – “Los Celos de Abelardo””


  1. 1 Sheylaa febrero 25, 2011 en 9:59 pm

    no se como no habia descubierto antes tu blog, simplemente genialhmibk

  2. 2 Jeffeny Gutierrez Luna abril 25, 2010 en 8:25 pm

    que fuerte!!


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